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viernes, 20 de julio de 2007

Un paso atrás



Ella eligió desnudarse en la noche equivocada. No esperaba palabras de admiración ante su desnudo, pero tampoco de desprecio. Estaba acostumbrada a desnudarse ante su espejo... lo había hecho en tantas ocasiones... pero aquella no era la noche, aquella no era su noche.




Ella se culpa de no haber sabido elegir la noche adecuada, o tal vez no era la ocasión para desnudarse. Lo apropiado habría sido posar vestida con algún disfraz, el de mujer feliz habría estado bien.




Aún sabiendo que la culpa es de ella, sabe que su espejo no es el de siempre. Ya no siente el calor que desprende el vidrio templado... ahora siente su tacto frío. Ya no se siente ella cuando se pone frente a él. Se mira y recibe una imagen de ella distorsionada al antojo de su espejo, que aunque es el de siempre... no es como siempre.




Algo ha cambiado, el espejo en el que antes podía mirarse sin miedo ya no es aquel que con tanto cariño eligió para mirarse. Tal vez lo haya descuidado mirándose su ombligo. Tal vez nunca debió de desnudarse ante el.




Así que con mucha tristeza y lágrimas de rabia se viste, se cubre. Una capa de ropa... y otra... y otra... hasta no dejar ni un centímetro de su piel al descubierto. Sólo deja ver sus ojos, una mirada fría. Y da un paso atrás alejándose, huyendo... para evitar que su espejo se rompa en mil pedazos y pueda arañarla.

miércoles, 23 de mayo de 2007

Adiós dulce compañera


Y por fin hoy me atrevo a decirte que ya no me interesas, que ya no te quiero, que eres dañina para mi mente y mi cuerpo. Que ya no estoy dispuesta a complacer tus caprichos, a satisfacer tus deseos y aguantar tus malos momentos.

Ya está bien de ser alfombra de aquellos que no se merecen absolutamente nada de ti. Porque te utilizan, te engañan, te miente y te hieren. Y tu sin embargo les haces sentirse útiles, les hablas con sinceridad y les amas. Es hora de equilibrar la balanza.

Y no es que seas mala, es que no sabes más que hacer daño, sin buscarlo ni quererlo, pero ello no te exculpa de tus actos. A veces no eres consciente del daño que provocas en aquellos que te quieren, y cuanto placer das a aquellos que no te merecen. Y sin embargo a mi, que te lo di todo... para mi no existen más que malas palabras, malos gestos y más recriminaciones.

Pues llegó mi momento, el momento en que me atrevo a mirarte a la cara y decirte que ya no te quiero junto a mi. No es que te odie, pero no puedo amar a quien sólo me hirió. No es que te deteste, es que no me apetece verte. No es que no me gustes, es que tu presencia me repele.

Me da igual si soy valiosa o no, pero desde luego inservible no soy, por mucho que tu te empeñases en hacerme ver lo contrario. Y no es que lo hagas con conocimiento de causa, pero con cada una de tus palabras y cada uno de tus actos no haces más que decirme que no valgo nada ni sirvo para nada. Sólo sirvo para ser tu paño de lágrimas, tu muñeca de trapo... la muñeca que tiras contra la pared cuando todo te va mal, la muñeca de trapo que abrazas con fuerza hasta asfixiarla cuando lloras... la muñeca de trapo que miras con odio cuando no hace lo que tu quieres.

Y es que nunca aprendiste ni aprenderás a ver que en la vida hay matices. Matices que son lo importante de la vida. Pero tu sólo sabes mirar a través de tus ojos en blanco y negro. Sin importar lo que vean los ojos de los demás. Sin importar los grises. Y es que nunca te enteraste de que hoy no puede ser blanco y mañana negro sólo porque tu lo quieras. Ni hoy puede ser negro y mañana blanco porque a ti te apetezca. No pequeña no, existen los grises y existen los colores, por mucho que tu quieras vivir tu vida en blanco y negro porque deseas estar triste. No pequeña no, existen más miradas que las tuyas para ver la vida, y la tuya no es la única ni desde luego la más importante.

Quizás la culpa sea mía, que te deje crecer sin ponerte límites. Quizás. Quizás sea lo que tu querías, que yo vuelva a culparme de lo mala que ha sido tu vida y de lo poco que hice para hacerla mejor.


Y finalmente consigues que te pida perdón. Perdóname, porque esta vez voy a darte la espalda para siempre y no pienso volver.